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GRANDEZA DE SAN JOSÉ A LA LUZ DE SAN JUAN DE LA CRUZ (5)




En el ameno huerto deseado. “Y es como si dijera: Transformándose ha en su Dios que es el que aquí llama huerto ameno por el deleitoso y suave asiento que halla el alma en él. A este huerto le llama transformación, el cual es un gozo y deleite y gloria de matrimonio espiritual y deleite (Breve digresión sobre el desposorio espiritual), después la llama Dios y la mete en este huerto florido suyo a consumar este estado felicísimo del matrimonio consigo, en que se hace tal junta de las dos naturalezas y tal comunicación de la divina a la humana, que no mudando alguna de ellas su ser, cada una parece Dios. Aunque en esta vida no puede ser perfectamente; aunque es sobre todo lo que se puede decir y pensar”. (CE 22,5)

En la anotación para la canción 26 nos anticipa todo lo que más detalladamente explicará, con estas palabras: “¡Cual, pues, entenderemos que estará la dichosa alma en este florido lecho, donde todas esas dichas cosas y muchas más pasan, en el cual por reclinatorio tiene al Esposo Hijo de Dios y por cubierta y tendido la caridad y cl amor del mismo Esposo! De manera que de cierto puede decir las palabras de la esposa que dice: “su diestra debajo de mi cabeza” (Cant. 2,6). Por lo cual con verdades podrá decir que esta alma está aquí vestida de Dios y bañada en divinidad, y no como por encima, sino que, en los interiores de su espíritu, estando revertida en deleites divinos, con hartura de aguas espirituales de vida… ¡Qué hartura será, pues esta del alma en su ser, pues la bebida que le dan no es menos que un torrente de deleites…le dan a beber este torrente de amor que, como decimos, es el Espíritu de su Esposo que se infunde en esta alma” (CE 26,1)

Y por eso él es ameno y deseado huerto para ella porque todo el deseo y fin del alma y de  Dios en todas las obras de ella es la consumación y perfección de este estado, por lo cual nunca descansa el alma hasta llegar a él, porque halla en este estado mucha más abundancia  y henchimiento de Dios y mas segura y estable paz y más perfecta suavidad sin comparación que en el desposorio espiritual, bien así como ya colocada en los brazos de tal esposo, con lo cual ordinariamente siente el alma tener un estrecho abrazo espiritual, que verdaderamente es abrazo, por medio de cual abrazo, vive el alma vida de Dios” (CE 22,6).

En la anotación para la canción 23 dice san Juan de la Cruz: “En este alto estado del matrimonio espiritual con gran facilidad y frecuencia descubre el Esposo al alma los maravillosos secretos como su fiel consorte, porque el verdadero y entero amor no sabe tener nada encubierto al que ama” CE 23,1). Entre estos misterios, sobre todo, el de la Encarnación del Verbo...


P. Román llamas, ocd

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