Y todo este inmenso caudal de gracia y de virtudes lo fue desarrollando san José admirable y maravillosamente en la vida de familia con Jesús y con María. Le podemos aplicar, pero en grado supremo con relación a todos los demás santos, lo que dice san Juan de la Cruz: “Y porque con esta gracia ella (el alma) está delante de Dios engrandecida, honrada y hermoseada, como habemos dicho, por esto es amada de él inefablemente. De manera que si antes que estuviese en su gracia –esto no se da en san José porque siempre estuvo en la gracia de Dios y en verdad suma y plena- por sí solo la amaba, ahora que está en su gracia –y en san José en grado sumo después de María- no solo la ama por si sino también por ella. Y así, enamorado de su hermosura, mediante los efectos y obras de ella, ahora sin ellos, siempre va él comunicando más amor y gracias, y como la va honrando y engrandeciendo más, siempre se va más prendando y enamorando de ella” (CE c.33,7). No dejó Dios de derramar gracias s...