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Mostrando las entradas etiquetadas como Engrandecimiento de San José

ENGRANDECIMIENTO DE SAN JOSÉ (3 de 3)

Y todo este inmenso caudal de gracia y de virtudes lo fue desarrollando san José admirable y maravillosamente en la vida de familia con Jesús y con María. Le podemos aplicar, pero en grado supremo con relación a todos los demás santos, lo que dice san Juan de la Cruz: “Y porque con esta gracia ella (el alma) está delante de Dios engrandecida, honrada y hermoseada, como habemos dicho, por esto es amada de él inefablemente. De manera que si antes que estuviese en su gracia –esto no se da en san José porque siempre estuvo en la gracia de Dios y en verdad suma y plena- por sí solo la amaba, ahora que está en su gracia –y en san José en grado sumo después de María-  no solo la ama por si sino también por ella. Y así, enamorado de su hermosura, mediante los efectos y obras de ella, ahora sin ellos, siempre va él comunicando más amor y gracias, y como la va honrando y engrandeciendo más, siempre se va más prendando y enamorando de ella” (CE c.33,7). No dejó Dios de derramar gracias s...

ENGRANDECIMIENTO DE SAN JOSÉ (2 de 3)

San José, Bartolomé Esteban Murillo ¿Quién puede imaginar los abismos de gracia, santidad y virtudes que Dios y el Espíritu Santo derramaron en la persona de san José? Nadie. Excede toda imaginación y ponderación. Un predicador del siglo XVII, Ignacio Coutiño, dominico, prendado ante la inmensa grandeza de san José la aplica estos calificativos, ponderativos: gloriosísimo, santísimo, virgen purísimo, sacratísimo, amantísimo de Dios, superlativamente querido de Dios, ilustrísimo, santo de mi alma, José divino, padre, superior y dueño de la casa de Dios; Jesús, María y José, y vale más esta casa que manda José que todo el resto de la Iglesia. Ningún otro santo llegó a dignidad tan soberana.

ENGRANDECIMIENTO DE SAN JOSÉ (1 de 3)

San José es hechura de Dios Padre y de su Espíritu Santo. Los evangelios narran sencillamente la realización de lo determinado por Dios Padre en el Decreto eterno de la salvación de los hombres: que su Hijo se encarnaría, sería engendrado y nacería virginalmente del seno de una Virgen desposada con un hombre llamado José de la casa de David, y el nombre de la Virgen era María. (Lc 1,17). Si María entra en el Decreto salvador de Dios, entra de igual manera san José, su esposo. Y, como es hechura de Dios y de su Espíritu Santo la Virgen María, persona singular y única, benditísima entre las mujeres, así lo es también san José, persona singular y única después de María, benditísimo entre los hombres. Y si en la plenitud de los tiempos elige a José por esposo de la Virgen María es porque así estaba, y tal como estaba, predestinado desde toda la eternidad.