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Grandeza de san José a la luz de san Juan de la Cruz PDF

 San Juan de la Cruz es un Doctor eximio de la Iglesia. Maestro espiritual de la santidad y doctrina de la Iglesia, un hombre totalmente de Dios, Jesucristo es mío y todo para mí. Santa Teresa lo ve como un hombre todo celestial y divino, a quien Dios comunica su espíritu, en toda Castilla no he encontrado otro como él ni que tanto fervore en el camino del cielo. Mire que es un gran tesoro el que tienen allá en este santo. Le ha dado el Señor especial gracia para aprovechar en todo lo que es espíritu y perfección (Cta. a Ana de Jesús Lobera, 11. 1578)... 




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         Sin duda el Beato Pío IX es el santo más devoto de San José entre los Papas anteriores a San Juan XXIII y San Juan Pablo II. Son muchos los hechos que lo atestiguan.

GRANDEZA DE SAN JOSÉ A LA LUZ DE SAN JUAN DE LA CRUZ (6)

Cuanto dice san Juan de la Cruz del matrimonio espiritual, tengo que aplicárselo antes que a ningún santo a la Virgen María, que, como vimos, para el Santo, desde el primer instante de su Concepción Inmaculada estaba gozando de este altísimo estado de gracia y en cuanto a calidad María es la primera en el catálogo de los santos. La primera a quien el amoroso Esposo llama su corona, su esposa, la alegría de su corazón, llevándola en sus brazos, sintiendo el alma tener un estrecho abrazo, por medio del cual vive María vida de Dios, y procediendo con ella como Esposo de tálamo. Es María la primera llamada por Dios y metida en el huerto florido, que es él, para consumar este estado felicísimo del matrimonio espiritual, hecha divina y Dios por participación; cuanto se puede en esta vida; es la primera que experimenta que Dios es el huerto ameno por el deleitoso y suave asiento que su alma, transformada en alto abrazo, halla en él; es la primera que experimenta que consumado este matri...

EL ÚLTIMO ADVIENTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ (3 de 4)

Crece su alegría y su esperanza a medida que avanza la enfermedad. Juan de la Cruz demuestra una esperanza y una alegría y una paz que admiran a todos, frailes y seglares. Hasta el Prior cambia de actitud para con él. La víspera de la Inmaculada se agravó y el médico dice que hay que advertirle que puede morir en cualquier momento. El P. Alonso de la Madre de Dios se lo notifica. ¿Qué me muero? dice, y, juntando las manos ante el pecho, exclama con rostro alegre:  Laetatus sum in his quae dicta sunt mihi. In domum Domini ibimus.  Ese día la Virgen le revela que morirá en sábado, como sucedió. Pasado un rato, comenzamos los que estábamos allí a andar de prisa y como turbados, hojeando el breviario o manual para hacer la recomendación del ánima. Lo cual, visto por él, nos dijo con grande sosiego y paz: Déjenlo por amor de Dios y quiétense. Cuando van a rezarle la recomendación del alma, él agonizante, que espera tranquilo la muerte como una continuación de su vida de amor, pide ...