¿Cuál es la actitud de María y de
José? Son sabedores de que el que nace
del seno de María es el Mesías Salvador del mundo. Así se lo ha dicho el ángel
a María (Lu 1,32-33), y así se lo ha dicho el ángel a José (Mt 1,21). Y a pesar
de este conocimiento no piden al Señor un milagro o providencias especiales, ni
se quejan a él; son los pobres de Yahvé que lo confían todo a él y en él. Saben
que la providencia de Dios todo lo gobierna (Sap 14,3). Para ellos todo es
gracia de Dios Padre, todo providencia amorosa.
Si
hubiesen mirado el suceso desde la razón y la lógica humana no lo hubiesen
comprendido, pero ellos se mueven en un campo de sobrenaturalismo, en todo son
solamente guiados por el Espíritu Santo, el mismo que ha anunciado a María con
anterioridad que de ella va a nacer el Salvador, y bajo esta guía aceptan los
designios de Dios de que nazca por caminos de humildad y humillación. Se
abandonan gozosos en manos de Dios Padre.
María
se sabe la Madre del Mesías, pero también sabe que es la esclava del Señor,
porque tiene conciencia de que todo lo que tiene es don de Dios, es gracia del
Todopoderoso que ha hecho en ella maravillas y actúa desde esta conciencia de
esclava del Señor. Por eso su actitud es de humildad, de silencio, de acogida
amorosa de la voluntad del Padre del cielo. Y es también la actitud de José, el
siervo fiel, el Servidor del misterio de la salvación que él ha aceptado libre
y responsablemente, al acoger a María encinta del Espíritu Santo en su casa. Y
desde esta actitud de humildad, de silencio, de abandono en manos del Padre y,
tomando conciencia de la realidad que viven, José se pone a buscar un lugar
para alojarse y lo encuentra en una de tantas cuevas como hay en los
alrededores de Belén. Y dan gracias a Dios porque la han encontrado. En ella pueden
vivir contentos y en soledad gozosa, los días que sean, su vida familiar y
esperar con júbilo el momento del nacimiento del Hijo.
P.
Román Llamas, ocd

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