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Por qué no había sitio para ellos en la posada 8 de 8

 


Almas altamente contemplativas, María y José –y el nacimiento del Hijo de Dios es momento de altísima contemplación- necesitan estar a solas y en silencio, porque el alma contemplativa” ha de ser amiga de la soledad y el silencio, que no sufre compañía de otra criatura; ha de poner el pico al aire del Espíritu Santo” (D 125). ¿Cómo pudieran estarlo en medio del bullicio del mesón?


         De esta manera lo que a los ojos y a los juicios de los hombres resultaba una humillación y un desdoro se convierte, al cumplirse los designios de Dios, en un timbre de gloria y en un honor, que no son las cosas las que hacen grandes a las personas sino las persona las que engrandecen y dan calidad a las cosas. ¿Qué cosa más abyecta, más infame que la cruz? Y Jesús la ha convertido en el mayor timbre de gloria –no me glorío sino en Cristo crucificado- en el mejor tesoro. Quien posee la cruz, posee un tesoro, escribe San Andrés de Creta.

         Conclusión. María y José nos enseñan que para preparar un lugar para nazca Jesús no es necesario buscar palacios ni casas nobles, que basta una cueva abandonada, eso sí bien adecentada y preparada. No se necesitan corazones engreídos y soberbios, altivos y orgullosos, déspotas y prepotentes, ricos y acaudalados, sino pobres pesebres, humildes, sencillos y limpios.

         Y que para beber y disfrutar de todas las riquezas y deleites del misterio de amor y salvación que se encierran en Jesús, necesitamos encerrarnos en una cueva a solas con él, en silencio escuchador, en soledad e intimidad con él.

 

                                      P. Román Llamas, ocd


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