La esperanza es contra rutina, es como una
fuente que está siempre manando, un retoño que está siempre brotando. La
esperanza es la que nos hace comenzar siempre de bien en mejor. El agente más
inmediato y presente de Dios. Fuente perenne de vida, es encarnación vital en
la existencia y en la realidad concreta; nos hace emprender cada jornada como
si fuera la última y vivirla como si quedara un largo caminar y porvenir.
María camina guiada por la fe que es
alegría. Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Y cómo no, si ya
cree y ama y Dios viene sólo por caminos de fe y amor. No le dice mortifícate,
haz penitencia… sino alégrate. Y la alegría inundó el corazón de la Virgen. Las
palabras de Dios son eficaces y producen aquello que dicen. El Espíritu Santo
la cubrió con su sombra, y la alegría, el gozo es el segundo fruto de su
presencia y actuar en el alma, después de la caridad; o mejor, San Pablo no
habla de los frutos del Espíritu Santo, sino del fruto del Espíritu Santo,
dando a entender que todas las realidades que menciona a continuación son el
fruto de la presencia del Espíritu Santo y de su actuar en los fieles.
El adviento de los nueve meses de María
está sellado por la alegría. Con fe alegre acoge las palabras del ángel del Señor.
La alegría se consubstancia con su ser. Con la presteza que le da la alegría
que le baila en el corazón salió de prisa para la casa de su prima Isabel.
Estamos dentro de los días del adviento de María. No va sólo a llevar a cabo
una obra de caridad con su prima, también a esto, sino principalmente a
comunicar la alegría que le desborda del corazón, va a evangelizar, que
evangelizar es llevar la alegría de la salvación. Os comunico una grande
alegría…Y es precisamente esta evangelización la que describe el evangelio, al
referir la alegría del niño en el seno de Isabel, de sus padres y aún de todo
el vecindario. María es la primera evangelizadora. El canto del Magníficat que
pronuncia en casa de su prima, el Magníficat de María, que es canto de adviento,
es una explosión de alegría incontenible.
Es la alegría que se asienta en el fondo
del espíritu y que nada ni nadie es capaz de arrancar, al revés, todo
contribuya a incrementarla. Es la alegría que se experimenta cuando se
participa en los dolores de Cristo. San Pablo sobreabunda de gozo en sus
tribulaciones (2Cor,7,4;Rom 5,3), se goza en sus padecimientos por los fieles
de Colosas (Col 1,24); los discípulos iban alegres porque habían podido padecer algo por Jesús (Act 5,41); San Juan de la cruz en la cárcel de Toledo en el
adviento de 1577 compone el Romance de la Encarnación, mezcla maravillosa de
poesía y oración –la oración íntima se hace poesía- en nueve estrofas,
desde la Trinidad que por amor determina la Encarnación del Verbo como
desposorios con la humanidad, hasta el nacimiento de Jesucristo entre melodías
de ángeles y cantares de los hombres. Romance que revive cada día del adviento
y Navidad: tres estrofas para la Trinidad, tres para el adviento y tres para el
Nacimiento. Compensa la celebración gozosa exterior del adviento que le han
negado los frailes, con una celebración interior profundísima, esperanzada y
gozosa, porque esperanza y gozo es lo que rezuma el Romance. Juan de la cruz es
un poeta eminente y un místico que experimenta a Dios de una manera singular,
que experimenta a Jesús; es un maestro y un teólogo y se sabe la Biblia en
muchos pasajes de memoria, que a Biblia sabe el Romance y a teología y mística.
Le niegan el pan y el vino y la estola
para celebrar la Eucaristía y él compone la FONTE que mana y corre, aunque es
de noche con una intensificación interior del misterio realmente
maravillosa. Compone el Cántico Espiritual, sublimación de la alegría y la
poesía.
Con sencillez y gozo de corazón la
primitiva Iglesia esperaba la Parusía (Act 2,46)

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