También a nosotros Dios nos da el don de la fe. María camina guiada por la fe que es amor. Sólo se camina hacia el otro, creyendo en él, cuando se ama. El amor pone alas en los pies. El amor le dice a María que en aquel niño que espera esta la fuente del amor verdadero y total. El amor le descubre el misterio y el amor se lo hace acoger plenamente
María camina guiada por la fe que es
esperanza. Vivimos en un mundo donde hemos desvirtuado la esperanza.
Tenemos tantas cosas, que se agua la esperanza, porque la esperanza es de
las cosas que no se poseen. Y cuando esperamos, esperanzamos cosas, esperamos
bienes de este mundo, ¿pero esperamos de verdad a Dios? Porque la esperanza
consiste precisamente en dos aspectos:
a) esperar a Dios
b) esperar en Dios.
a) Esperar a Dios. Sí, que no esperamos
más bienes que los que se encierran en Dios, en quien se encierran todos los
bienes verdaderos. Dios es nuestro Bien. Dios es nuestro Todo… Dice San Juan de
la cruz en los Dichos de amor. “Grande mal es tener más ojo a los bienes de
Dios que al mismo Dios. Oración y desapropio” (DA 142). Los gustos deben ser
únicamente medio para ir a Dios que es el Gusto auténtico.
b) Esperar en Dios. Esperamos
únicamente en su bondad y misericordia. Esta es la esperanza del cielo que
tanto alcanza cuanto espera, porque siempre viene de Dios, de su Espíritu… Ante
las situaciones límite allí esta él, por eso quien espera en él en las
desgracias y fracasos, en la misma muerte, alcanza a Dios que es el Bien y el
Todo, como San Juan de la cruz en la cárcel de Toledo o cuando le dejan sin
oficio en el capítulo de 1591 y le destierran a la Peñuela, como Tomás
Moro cuando le decapitan en la Torre de Londres… Sólo esperan a Dios y en Dios
y desde la esperanza en Dios alcanzan plenamente a Dios.
¡Cómo espera María! Y ¡cómo
desea y pide! La esperanza es fuente y retoño, contra rutina. ¡Qué dinamismo interior
mete en su espíritu!
P. Román Llamas, ocd


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