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GRANDEZA DE SAN JOSÉ A LA LUZ DE SAN JUAN DE LA CRUZ (17)


Y más adelante  afirma que no es increíble que en un alma probada y purgada en el fuego de las tribulaciones y variedad de tentaciones y hallada fiel en el amor, “deje de cumplirse en esta fiel alma en esta vida  lo que el Hijo de Dios prometió, conviene  a saber, que si alguno le amase vendría la Santísima Trinidad a él y moraría de asiento en él" (Jn 14,23), lo cual es ilustrándole el entendimiento divinamente en la sabiduría del Hijo y deleitándole la voluntad en el Espíritu Santo y absorbiéndola el Padre poderosa y fuertemente en el abrazo abisal de su dulzura” (LL 1ª,15)


Y si esto usa con algunas almas, que es verdad que lo usa, es de creer que esta de que hemos hablado, no quedará atrás en estas mercedes de Dios, pues lo que de ella vamos diciendo, según la operación del Espíritu Santo que en ella hace, es mucho más de lo que en la comunicación y transformación de amor pasa; porque lo uno es como es como ascua encendida y lo otro como, según hemos dicho, ascua en que tanto se afervora el fuego, que no solamente está encendida, sino echando llama viva” (LL 1ª,16).

¿Quién es esa alma de que viene hablando sino María y José, que están muy por encima de todos los demás santos? Y no es que Jesús, la Llama de amor viva, estuviese embistiendo en ellos de esta manera descrita, constantemente, sino de vez en cuando, y les hace sentir de una manera singular y única lo que están experimentando en una vida normal en el hogar de Nazaret. Cuando la Llama de amor viva llamea, José y María se abrasan de amor.

Y es que María y José tienen un solo corazón, un solo amor, una sola voluntad y es que ambos están guiados por el Espíritu Santo en todo y por eso todos sus actos son divinos, como dice san Juan de la Cruz de los que han llegado al alto estado del matrimonio espiritual: “En este estado no puede el alma hacer actos que el Espíritu Santo los hace todos y la mueve a ellos, por eso todos los actos de ella son divinos, pues es hecha y movida  por Dios” (Ll c 1, 4). A los primeros y en grado sumo que se pueden  y deben aplicar estas palabras de san Juan de la Cruz, escritas desde su propia experiencia, son a la Virgen María y a san José, ella desde el primer instante de su Concepción inmaculada, purísima, ella estuvo elevada a este alto estado y fue en todo guiada por el Espíritu Santo, como dice el mismo Santo (3 Sub 2,10) y san José desde el momento de su santificación en el seno de su madre, fue también elevado al grado sumo un poco inferior a su esposa, borrándole el fomes peccati, confirmándolo en gracia, porque lo lleva el estado y guiándole solo en todo  el Espíritu Santo.


P. Román Llamas, ocd

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