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SED DE ALMAS DE SANTA TERESA (7 de 11)

En muchos libros suele haber un capítulo que destaca por algún motivo especial. Eso pasa con el capítulo VI de la Vida de santa Teresa, el libro de las misericordias de Dios para con ella, sobre san José y su devoción profunda a él...“Quisiera persuadir a todos que fuesen muy devotos de este glorioso Santo”.
                                                                                                                       P. Román Llamas, ocd. 


No hay ningún texto que se refiera a esta sed de almas en su niñez que vemos juega tan fuerte papel en su vida y en su obra. El primer caso de salvar almas es el del sacerdote de Becedas, cuando ella cuenta 21 años. Fue la lástima y la compasión que le dio verle en aquella situación de pecado, lo que la movió a ganarse su voluntad por caminos de amor y buena intención (V 5).

Pero hay que tener en cuenta lo que afirma con ocasión de la visita del P. Alonso Maldonado, franciscano, que hacía poco había venido de la Indias y les hizo un sermón y fuese.”Yo quedé muy lastimada  de la perdición  de tantas almas que no cabía en mí. Fuíme a una ermita con hartas lágrimas, suplicándole diese medio cómo pudiese algo para ganar algún alma para su servicio… y así me acaece que cuando en la vida de los santos leemos que convirtieron  almas, mucha más devoción me hace y más ternura y más envidia que todos los martirios que padecen, (por ser esta la inclinación que nuestro Señor me ha dado) pareciéndome que precia más una alma que por nuestra industria y oración la ganásemos, mediante su misericordia, que todos los servicios que le podamos hacer” (F 1,7)   
           
En Vida 31,7-8 narra el caso de otro sacerdote en estado de pecado mortal, de los más abominables que yo he visto, al que prometió que haría lo que pudiese para sacarle de aquella situación. Y con su oración, y la de aquellas personas a las que le pidió que encomendasen al Señor esta intención, y con las cartas que le escribió, que con solo leerlas le libraban de la tentación, se remedió. Lo ganó para Dios “y yo, aunque miserable hacía lo que podía con harto cuidado”

            Esta sed de almas la llevaba, sobre todo, a inculcar la oración a todo el que podía. En el capítulo 7 de la Vida encontramos estas afirmaciones. “Estando yo mala en aquellos primeros días antes que supiese valerme a mí, me daba grandísimo deseo de aprovechar a los otros, tentación muy ordinaria de los que comienzan, aunque a mi me sucedió bien. Como quería tanto a mi padre, con el bien que yo me parecía tenía con tener oración –que me parecía que en esta vida no podía ser mayor que tener oración -; y así por rodeos, como pude, comencé a procurar que él la tuviese.” (V 7,10).Le dio libros para este propósito.  Aprovechó tanto en el ejercicio de la oración que en cinco o seis años estaba tan adelante que alababa mucho al Señor y dábame grandísimo consuelo.

“No fue solo a él sino algunas otras personas las que procuré tuviesen oración…les decía como tendrían meditación y les aprovechaba y dábales libros; porque este deseo de que otros sirviesen a Dios desde que comencé oración le tenía” (V 7,13).

Es tanto el bien de la oración por su propia experiencia que puede decir: "que por males que haga quien la ha comenzado, no la deje, pues es el medio por donde puede tornarse a remediar, y sin ella será muy más dificultoso,”y a quien no la ha comenzado le dice: “Y quien no la ha comenzado por amor del Señor le ruego que no carezca de tanto bien” (V 8,5).

 Esta sed de almas presenta un aspecto particular: es el de pedir especialmente por las personas buenas que ella conocía y trataba, para que sean mejores y más santas.”Y aunque deseo que todos  le sirvan, estas personas que me contentan es con muy gran ímpetu, y así importuno mucho al Señor por ellas” (V 34,7) Es el caso del P. García de Toledo, dominico, uno de los cinco que formaban el grupo y que conoció en Toledo, cuando, mandada por el P. Provincial, fue a consolar a Dña Luisa de la Cerda, cuyo esposo murió joven. Escribe: “Acúerdome que le dije esto después de pedirle con hartas lágrimas. Aquella alma pusiese en su servicio muy de veras, que aunque yo le tenía por bueno, no me contentaba,  que le quería muy bueno; y así le dije: Señor, no me habéis de negar esta merced, mirad que es bueno este sujeto para nuestro amigo” (V 34,8) En el número 17 de este capítulo  recoge de su grandísimo gozo al ver aquel alma  con los tesoros que el Señor le había dado por su oración, le había escuchado el Señor.


Vuestra oración ha de ser para provecho de las almas (V 20,3);Mientras más adelante está en la oración… más acude a las necesidades de los prójimos  (MC 7,8);por otra parte se querría meter en mitad del mundo, por ver si pudiese ser parte para que un alma alabase más a Dios, y si es mujer se aflige del atamiento que le hace su natural (6 M 6,3); Y dar mil vidas porque un alma os alabe un poquito más (6 M 6,4)

En la Exclamación 10 se dirige al Señor con estas palabras, pidiéndole por los pecadores: “Ya sabéis, Rey mío, lo que me atormenta verlos tan olvidados de los grandes tormentos que han de padecer para sin fin, sino se tornan a Vos. ¡Oh, los que estáis mostrados a deleites y contentos y regalos y hacer siempre vuestra voluntad, habed lástima de vosotros! Mirad que os ruega ahora el juez que os ha de condenar, y que no tenéis un momento segura la vida ¿por qué no queréis vivir paras siempre?¡Oh dureza de corazones humanos! Ablándelos vuestra inmensa piedad, mi Dios” (Ex 10,3)

Esto lo escribe después de haber tenido la visión del infierno, en la que tanto se le aumentó la sed de almas y que le parece imposible olvidársele.”De aquí también saqué la grandísima pena que me da las muchas almas que se condenan y los ímpetus grandes  de aprovechar almas que me parece cierto a mí que por librar una sola de tan gravísimos tormentos, pasaría yo muchas muertes muy de buena gana…Pues ver a un alma para sin fin en el sumo trabajo de los trabajos.¿quién lo ha de poder sufrir? No hay corazón que lo lleve sin gran pena” (V 32,6)

Para mí el summum de la sed de almas de la Santa es cuando escribe en las séptimas moradas, después de haber experimentado el matrimonio espiritual con Jesucristo, que es manifestarle por un momento la gloria que hay en el cielo, que “Lo más espantable de todo es que –viene hablando de los efectos que produce este matrimonio espiritual con Jesucristo – ahora es tan grande el deseo que tiene de servirle y que por ellas sea alabado y de aprovechara  algún alma si pudiesen, que no solo  no desean morirse, mas vivir muy muchos años, padeciendo gravísimos trabajos, por si pudiesen que fuese el Señor alabado por ellos,  aunque fuese en cosa muy poca.. no les hace al caso el pensar en la gloria que tienen los santos; ni desean por entonces el verse en ella, su gloria tienen puesta  en si pudiesen ayudar en algo al Crucificado, en especial cuando ven que es tan  ofendido y los pocos que hay que de veras miren por su honra, desasidos de todo lo demás” (7 Mor 3,6)..


P. Román Llamas, ocd.



Siguientes publicaciones:
          
·         Meditación sobre santa Teresa 
·         Santa Teresa evangeliza a san José    
·         San José titular de sus fundaciones 
·         Conclusión















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